domingo, 21 de agosto de 2011

Almuerzo de honor ofrecido por la Presidenta de Brasil: Palabras de la Presidenta de la Nación


PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACION CRISTINA FERNANDEZ EN EL ALMUERZO OFRECIDO EN SU HONOR POR LA PRESIDENTA DE LA REPUBLICA FEDERATIVA DE BRASIL, EN LA SALA BRASILIA, PALACIO DE ITAMARATY, BRASIL.


Muy buenos días a todos y a todas; señora Presidenta de la República Federativa de Brasil, querida amiga Dilma Rousseff; un saludo a toda la comitiva que me acompaña, señores ministros, ministras; integrantes del Gabinete de la República Federativa de Brasil; legisladores; presidente José Sarney, que también nos acompaña casi emblemáticamente en nombre del MERCOSUR: la verdad que me un sensación muy rara, pero muy agradable al mismo tiempo estar aquí en este ámbito, porque yo recuerdo cuando el Presidente Kirchner asumió, en el año 2003, durante su campaña había sido recibido por el Presidente Lula, un hombre que llegó al Gobierno del Brasil con una idea de incluir, de inclusión social que era la misma idea con que Nèstor Kirchner llegaba a la Argentina, una Argentina sustancialmente diferente al Brasil, una Argentina devastada: en el año 2001 el default se había desplomado sobre nosotros; la desocupación había trepado a límites impensados; un 25 por ciento de los argentinos llegó a estar sin trabajo; 54, 56 por ciento de pobreza; treinta y pico por ciento de indigencia; no había incentivo para la producción y el desarrollo, algunos inclusive consideraban que el MERCOSUR era una pieza de museo que debía ser archivada sin más, alimentaban también ciertas suspicacias de lo que había sido una rivalidad – fomentada desde afuera y por intereses que poco tenía que ver con la región – entre Brasil y Argentina.

Dilma relataba el ancho de las vías de uno y del otro; la incompatibilidad de sus sistemas energéticos y en ese momento cuando pasó eso y la Argentina se desplomó tuvimos la mano solidaria de la región, tuvimos la mano solidaria del Presidente Lula, de Brasil. Y por eso, estar hoy aquí, y viendo que todo ha cambiado y todo se ha transformado a una velocidad impensable.

Y no estamos hablando de un período de 20, 30 ò 40 años, estamos hablando del año 2003 a la fecha, pero que cambió no solamente en mi país, que no cambió solamente en Brasil y en la región, cambió en el mundo y se derrumbaron los paradigmas que casi nos restregaban por la cara – por lo menos a los argentinos – cuando decidimos reestructurar nuestra deuda externa porque sosteníamos que ningún muerto puede pagar, que para poder pagar las deudas hay que estar vivo y para estar vivo hay que tener trabajo, producir, generar riquezas.

Pedíamos que nos dejaran hacer eso, y además que claro el mundo desarrollado, que había colocado capitales en nuestro país, durante la convertibilidad, a tasas en dólar, que oscilaban entre el 15 y el 16 por ciento, cuando el mundo pagaba en todos los bancos del mundo el 2 por ciento, ¿Entonces qué sostuvimos?

Que quien había tenido este riesgo en la Argentina debía asumir una parte del riesgo y en la reestructuración de esa deuda debía contemplarse ese riesgo y por lo tanto que ese riesgo fuera a medias.

Sosteníamos, además, que en la Argentina había pasado un fenómeno que se había abandonado la producción y se había creído que el dinero podía reproducir solamente al dinero sin pasar por el circuito de la producción de bienes o servicios, en fin sosteníamos lo que luego pasó en el mundo, y lo que está pasando, ahora, en el mundo desarrollado.

Ayer otro colega mandatario decía que solamente algún loco puede pensar, y si es de Unasur, que Grecia puede pagar 350.000 millones de euros y yo me acordaba cuando la Argentina tenía el 160 por ciento de deuda de su PBI, con lo cual implicaba una severa, severísima restricción a cualquier programa o proyecto de crecimiento.

Y veo hoy cómo estamos al cabo de 8 años y entonces creo que hay que repasar el porqué estamos donde estamos, no ha sido magia, no ha sido viento de cola, ha sido la voluntad y la decisión de los gobernantes de tomar un rumbo diferente en sus políticas económicas, sociales, en sus relaciones internacionales, absolutamente diferentes a las que se había sostenido, hasta ese momento, como paradigmas.

Por lo pronto, Argentina dejó de mirar a Europa y a Estados Unidos, porque tampoco nos miraban a nosotros, es más nos perseguían casi también por una necesidad y por una convicción y comenzamos a mirar, aquí, a la región.

Yo recuerdo muy bien las palabras del Presidente Kirchner, inclusive en comentarios entre nosotros, que decía: “nuestro destino está junto a Brasil, que va en camino a convertirse en una de las economías más importantes del mundo, plantear un antagonismo con Brasil solamente se le puedo ocurrir a los ignorantes, a los mediocres, a los traidores a los intereses de la Patria que entonces quieren fomentar la división en la región para que esta no crezca”.

Y se planteó fuertemente reconstruir este MERCOSUR que estaba en vías de extinción.

Tuvo la suerte también de que aquí en Brasil, el presidente Lula tenía la misma concepción y otros gobernantes que comenzaron a surgir en América del Sur, como también nos tocó ayer escuchar el discurso del presidente Ollanta Humala.

¿Y cuál es el resultado al cabo de estos 8 años tanto para Argentina como para Brasil?

Una disminución más que notable de sus niveles de pobreza y de indigencia; un nivel de reindustrialización que obviamente tiene mayor visibilidad en la Argentina porque había sido tal el deterioro, tal la desaparición de la industria, que afortunadamente Brasil no la tuvo, que en entonces se revela en toda su intensidad lo adecuado de haber tomado esa dirección, que no significó romper lanzas con el mundo como algunos pretendían.

En absoluto, hoy, si uno mira nuestro comercio exterior, o sea la suma de importaciones y exportaciones, estamos más integrados al mundo que nunca.

Hemos reducido el nivel de deuda y Producto Bruto Interno como nunca lo tuvo la República Argentina en las últimas décadas; hemos generado más de 5 millones de puestos de trabajo y, además, más de 2.500 convenciones colectivas de trabajo que nos colocan con el mejor salario mínimo, vital y móvil per cápita de toda América latina.

Tenemos un programa social de la misma magnitud que aquí lo tienen en Brasil que significa el 1,2 por ciento de nuestro PBI y que ha permitido, además, porque vale la pena señalarlo una vez para internalizar definitiva y absolutamente el concepto que el término “desigualdad” ha dejado de ser un término sociológico o político para convertirse en un término económico.

Nosotros necesitamos cada vez más iguales; nosotros necesitamos cada vez más y mejores consumidores; nosotros necesitamos cada vez más y mejor educación. Estamos dedicando el 6,7 de nuestro PBI a la educación, inclusive, por sobre las metas que nos habíamos fijado por ley en el año 2010.

Y yo creo que estamos en un punto de inflexión porque ese mundo que nos dictaba cátedra desde el Consenso de Washington, se ha derrumbado estrepitosamente en el 2008, primero, y, luego, la crisis que tiene hoy Estados Unidos y también Europa.

No es para solazarse ni para alegrarse, porque nadie puede ser tan necio como para pensar que si le va mal a más de la mitad del mundo, a nosotros nos va a ir maravillosamente bien.

Por lo tanto, creo que el desafío del momento es reafirmarnos en esas políticas, profundizar estas políticas, acentuar aún más el nivel de integración, no solamente entre Brasil y Argentina, Argentina y Brasil, sino también incorporar al resto de la región porque somos un mercado de más de 400 millones de personas y también, al mismo tiempo, advertir que debemos comenzar a replantear asociaciones, integraciones, eslabones productivos para ya no vernos únicamente como circunstanciales sociales, sino como plataformas también de producción a nivel y escala global.

¿Por qué digo esto?

Porque sin la innovación tecnológica, sin la ciencia y la tecnología, no le va a alcanzar.

Por eso, hace unos días hemos inaugurado en la Argentina, Tecnópolis, que es la muestra de ciencia y tecnología más importante de los 200 años.

No es un ejercicio casual, creemos que allí tenemos que acentuar el diferencial en la ciencia y la tecnología.

Y miren cómo habrá sido el resultado que de aquellas Argentina y Brasil que ni siquiera teníamos compatibilidades en sistemas energéticos, hoy nos estamos compensando energéticamente de acuerdo con los ciclos que tenemos.

Esto también lo acordamos en discusiones, en ensayos, en errores que tuvimos y, como le decía hoy a Dilma Rousseff, necesitamos mirar los procesos de integración que tuvieron un gran grado de desarrollo para ver cuáles fueron los errores que cometieron, aprender sobre ellos y aplicar cuestiones diferentes en donde debamos aplicar cuestiones diferentes.

No tengamos temores a cambiar lo que tengamos que cambiar; no tengamos pruritos en profundizar lo que tengamos que profundizar, tenemos que saber comprender, entender. Yo creo que los gobernantes lo tenemos muy claro porque somos los que estamos cotidianamente manejando el escenario global.

Y aquí me quiero dirigir a los empresarios del Brasil y a los empresarios de mi país: cuando está en el Gobierno ve la fotografía completa, el escenario completo; ahí están los que no tienen posibilidades de sobrevivir si el Estado no va en su ayuda y por eso el Estado no es una construcción demagógica.

El Estado es un actor imprescindible en un mundo donde se ha visualizado ya que el mercado no alcanza y que el Estado empresario tampoco sirvió.

Estamos, entonces, aprendiendo de dos experiencias que se han vivido en las últimas décadas; pasamos del intervencionismo estatal, porque es intervencionista el Estado, aún cuando no interviene también está interviniendo y decidiendo a favor de los que más tienen.

Y fíjense ustedes que cuando el Estado termina retirándose aparentemente de las políticas, termina produciéndose tal concentración del ingreso, que termina provocando crisis como las que se vivieron en Estados Unidos, donde tuvo que ser el Estado el que fuera en rescate de todos los bancos y de todo el sistema financiero que finalmente tampoco dio mayores resultados, porque ya sabemos que se sentaron sobre los recursos y no los inyectaron en la economía real.

¿Qué quiero decir con esto?

Que necesitamos que todos comprendan que el escenario debe verse en toda su magnitud; quienes tenemos responsabilidades en el Estado tenemos que bregar por los niveles de productividad, tenemos que bregar porque la conflictividad social, que siempre existe, sea adecuadamente encausada de modo tal que no frustre los procesos de crecimiento y acumulación, sobre todo cuando estos procesos de acumulación tienen una matriz de carácter productiva, de generación de puestos de trabajo, de producción. No estamos con la vieja matriz de acumulación financiera, sino productiva.

Por eso, todos los actores sociales, dirigentes sindicales, sindicatos, centrales empresariales, tienen que ayudar.

Y también lo que hacía referencia Dilma y que nosotros también estamos dándole un impulso muy fuerte en la República Argentina y tendríamos que comenzar también a articular entre Argentina y Brasil y que es la integración del sector académico al sector de la producción, al sector de la economía real, una característica durante mucho tiempo –esto lo digo como universitaria y Dilma seguramente va a coincidir conmigo- que nuestras universidades estaban como separadas de la matriz productiva económica de un país, como si fuera pecado mezclar conocimiento y saber con generación de riqueza, cuando en realidad sabemos que esta combinación de conocimiento hoy es imprescindible misturarla con la producción, con el trabajo, con la tecnología y con la innovación porque ahí va a estar la verdadera producción de riqueza.

Si durante el siglo XX, que culminó en crisis, la acumulación se hizo muchas veces en la primera parte a partir de la matriz productiva, luego cambiaron al sector financiero, se produjo la crisis, esto que viene ahora es matriz productiva de vuelta pero con innovación y tecnología.

Porque son ellos lo que van a permitir generar riqueza: el conocimiento, la innovación tecnológica, la ciencia, la tecnología.

Por eso estamos insistiendo tanto con que se necesitan más ingenieros, más escuelas técnicas…

Una cosa increíble: en la Argentina se habían cerrado las escuelas técnicas, no había escuelas técnicas. Néstor Kirchner volvió a abrir las escuelas técnicas y, entonces, hoy tenemos por allí problemas en el sector automotriz para encontrar determinado tipo de obrero calificado y en otro tipo de actividades también o, por ejemplo, en física, química, la industria y desarrollo farmaceútico que está alcanzando nuestro país una labor muy importante.

Por eso digo que tenemos que aunar este maravilloso capital humano pero, fundamentalmente, de experiencia.

Si yo tengo que decir cuál es el mayor capital que hemos acumulado Brasil y Argentina y la región en estos años, más allá de la acumulación de reservas, más allá de la generación de puestos de trabajo, más allá de los niveles de exportación, más allá de los niveles de productividad, más allá de las cosechas récord, que estamos pasando los 100 millones de toneladas de granos, más allá de todo eso, creo que lo que más hemos acumulado es experiencia acerca de lo que nos pasó. Porque nos permite saber qué es lo que tenemos que hacer.

Alguien decía que nadie puede comprender la vida si no mira para atrás; pero también debemos saber que nadie puede vivir la vida si no mira para adelante.

Y yo creo que esta combinación es lo que tenemos que tener nosotros como resultado de esta experiencia formidable de esta última década que yo, así como se llamó “la década de los ’80 y los ‘90”, “la década del Consenso de Washington”, uno, “la década perdida” la otra, yo diría que esta es “la década recuperada”, no solamente en lo económico, sino fundamentalmente en lo cultural y en los paradigmas que debemos llevar adelante para seguir creciendo.

Estos dos grandes hombres, uno que fue Néstor Kirchner y el otro que es Lula, que espero que lo siga siendo por mucho tiempo además porque lo quiero mucho, nos dieron una lección muy importante. Nadie daba mucho por ellos: uno era un obrero, un dirigente sindical y otro, un gobernador de provincia muy lejana, con apenas medio habitante por kilómetro cuadrado y 22 por ciento de los votos.

Bueno, creo que la experiencia es que cuando se tienen convicciones, cuando se tienen ideas y, por sobre todas las cosas, cuando se cree en valores importantes como la justicia social, la igualdad de oportunidades y además, si se aman profundamente los países donde han nacido, se pueden hacer cosas como las que hoy estamos viviendo en Argentina y en Brasil.

Y yo me comprometo y creo que también, sin lugar a dudas, por su fortaleza, por todo lo que vivió, por todo lo que pasó, por toda su propia historia, estas dos mujeres vamos a continuar también la tarea de estos dos grandes hombres.

Muchas gracias y quiero brindar por Brasil y por Argentina, por todos nosotros en definitiva.

Muchas gracias

Inauguración de la nueva sede de la Embajada de la República Argentina en Brasil: Palabras de la Presidenta de la Nación

<p>Las presidentas de Argentina, Cristina Fernández, de Brasil, Dilma Rousseff, y el ex mandatario brasileño Lula Da Silva, estrechan sus manos, durante la inauguración de la Embajada argentina en Brasilia.</p>

PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN CRISTINA FERNÁNDEZ EN LA INAUGURACIÒN DE LA NUEVA SEDE DE LA EMBAJADA DE LA REPÙBLICA ARGENTINA EN BRASIL, SEIS QUADRA 803, LOTE 12, ASA SUL, BRASILIA.


Muy buenas tardes a todos y a todas; querida Presidenta Dilma, de la República Federativa de Brasil; querido Lula, ex presidente, pero quiero decirte que no estás aquí solamente como ex Presidente de la República, sino como amigo de esta Presidenta y amigo del hombre que fue mi compañero de vida, mi compañero de lucha y durante cuya gestión se decidió y se inició la construcción de esta Embajada.

Esta no es una construcción cualquiera, la Argentina no tenía embajada propia en la casa de su principal socio y amigo, teníamos embajadas en Washington, teníamos embajadas en los países desarrollados, pero aquí, en este terreno donde se ha levantado esta modernísima, me atrevería a decir la más nueva de Brasil y la más moderna, había un terreno que había donado, por el Gobierno de Brasil, allá por la década de los 60, cuando se funda la ciudad de Brasilia y la Argentina jamás había construido nada aquí, yuyos y me dicen que una canchita de fútbol, así era, para hacer picaditos argentino-brasileros; de un lado la Embajada de Uruguay, y del otro lado, la Embajada de Chile y aquí, en el medio, en el lugar de Argentina, nada.

Cuando él decidió iniciar esta construcción, que hoy me toca inaugurar a mí, junto a mis dos queridos amigos, fue producto de la decisión que él había tomado cuando supo que él – como lo decía hoy – un gobernador de una provincia muy pequeñita, que llegó apenas con el 22 por ciento de los votos y el Presidente del Brasil, un obrero; siempre se acordaba que vos habías dicho que el primer título que habías tenido era el de Presidente y él entabló esa amistad, ese entendimiento y esa convicción y juntos supieron levantar todas las barreras culturales y políticas, que desde afuera se habían montado para mantener a la Argentina y a Brasil alejados y separados.

Él siempre me dijo: “nunca te olvides, Brasil va a ser una de las economías más importantes del mundo y allí tenemos que estar nosotros, junto a ellos complementándonos, integrándonos y desarrollando la región”, porque tenemos la responsabilidad por ser los dos países más voluminosos en territorio y en monto de la economía tenemos una responsabilidad muy grande, no solamente con el Brasil, no solamente con la Argentina, sino con toda la región.

Lula, quiero contarte algo: ayer hicimos una reunión con Dilma y con el resto de los compañeros colegas de la UNASUR. Te hubieras asombrado de los adelantos que hemos hecho en esta UNASUR, en donde compañeros, colegas como Juan Manuel Santos, propusieron que en forma conjunta tomáramos todos los países medidas contra el ingreso especulativo de capitales, impensable unos años atrás.

Hemos protagonizado reuniones ambos en donde estábamos de acuerdo muchas veces en la necesidad de democracia y de la política pero nos separaban todavía algunas posturas y actitudes frente a determinadas cuestiones del mundo global y de los países desarrollados.

Ayer, si uno hubiera transcripto el discurso de Juan Manuel Santos, sin indicar a quién pertenecía, hubiéramos podido decir que cualquiera de nosotros, a quienes muchos colocaban en las antípodas de lo que podía ser el presidente Santos, lo hubiéramos pronunciado en iguales términos. Por eso digo que hemos dado un salto cualitativo muy importante.

Yo también como vos, creo que hay otra vida, sino no podría seguir viviendo, además. Tengo que creerlo y tengo que llevarlo adelante con toda la fuerza y la responsabilidad que me exige el ser la Presidenta de un país. Pero creo, sinceramente, que hay otra vida y que desde esa otra vida, en la cual todos los encontraremos, creo que lo que va a valer es lo que hemos podido hacer por nuestros países, por nuestras sociedades, por que haya más inclusión, por que haya menos pobreza, porque podamos defender esto que hemos construido Brasil y Argentina en estos años, más industrialización, más programas sociales de inclusión y ahora lo que creo que es el desafío de la etapa: construir una región fuerte, un mercado regional fuerte.

Por eso, como dice Dilma, el tamaño de la relación entre Brasil y Argentina tiene el tamaño de esta embajada, es una decisión de los argentinos de revalorizar y de profundizar esta integración.

Cuando Néstor llegó, el MERCOSUR era casi una pieza de museo, algunos la habían condenado al archivo y al olvido. Él y Lula lo reflotaron y, además, lo hicieron más grande, más fuerte.

Y ahora tenemos otros desafíos: acercar a otros compañeros de la región para ayudarlos a desarrollarnos juntos y ayudarnos también a nosotros mismos. Porque debemos saber que cuanto más gente incorporemos al consumo, cuanto más inclusión tengamos, más vamos a fortalecernos como región.

Por eso, yo agradezco tanto la presencia de Dilma, la Presidenta de la República Federativa del Brasil, y de Lula, el amigo de Néstor, con el que compartieron momentos difíciles, el que lo recibió cuando él era un candidato desconocido, con el que juntos se atrevieron a ir contra todos los paradigmas establecidos y a tener el orgullo de pertenecer a esta nuestra casa, la América del Sur, que hoy tiene una habitación más, una habitación grande que esta embajada y que refleja la decisión inquebrantable e irrevocable de la Argentina de profundizar la relación entre ambos países.

Muchas gracias Dilma; muchas gracias Lula; muchas gracias Brasil; muchas gracias a todos los periodistas que hoy nos acompañan y muchas gracias a todos.

Muchas gracias


VIDEOS

lunes, 31 de enero de 2011

Declaraciones de la Presidenta de la Nación visita Presidenta Brasil a Argentina.


lunes, 31 de enero de 2011

DECLARACIONES A LA PRENSA DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÒN CRISTINA FERNÀNDEZ, DURANTE EL VIAJE DE LA PRESIDENTA DE LA REPÙBLICA FEDERATIVA DE BRASIL, DILMA ROUSSEFF, A LA ARGENTINA, EN SALA DE CONFERENCIA, CASA ROSADA.

Muy buenas tardes a los señores periodistas extranjeros y nacionales; quiero agradecer a la señora Presidenta de la República Federativa de Brasil por tomar la decisión de que su primera visita al extranjero fuera aquí, a nuestro país.

Para nosotros es un altísimo honor, pero además es también la reafirmación de un compromiso que iniciaron otros presidentes, que nos precedieron; en el caso de quien les habla, el Presidente Kirchner, y en el caso suyo, señora Presidenta, el Presidente Luiz Inázio Lula da Silva, dos hombres que revirtieron históricamente lo que era una permanente diferencia entre ambos países; relanzaron el MERCOSUR y fundamentalmente reconstruyeron o constituyeron - por así decirlo - por primera vez una relación absolutamente diferente entre ambos países; relación que ha fructificado, que debe profundizarse y que -como hemos charlado en nuestra extensa reunión, que hemos mantenido a solas, por la mañana - debe significar también la profundización de la integración productiva entre ambos países.

Pero no nos unen, junto a Brasil, y junto al gobierno de la Presidenta Rousseff solamente cuestiones económicas, las hay también de profundo contenido político, social y humano; un rol, un ámbito en el que nuestra propia condición de género nos hace desenvolvernos con idiomas comunes y con códigos también comunes.

Yo agradezco también el maravilloso gesto de la presidenta Rousseff de haber solicitado mantener una entrevista con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, un gesto que la distingue como mujer, como política, como madre y, fundamentalmente, como sujeto histórico también de lo que ha sido la historia de nuestros países y de nuestro continente, la América del Sur.

Yo no quiero extenderme demasiado porque quiero que ustedes puedan escucharla a ella, pero también le manifesté que nuestro destino en la Argentina y también el destino de la región, está indisolublemente unido al Brasil y también el destino del Brasil indisolublemente vinculado al de la Argentina y de toda la América del Sur, en un mundo que ha experimentado en los últimos años cambios tan profundos como nunca imaginábamos desde jóvenes, cambios que iban a ser más lentos, y tal vez menos perceptibles como lo son ahora.

De esto que hoy algunos denominan "mundo en crisis", yo no me canso de calificarlo como "un mundo de cambios", no de crisis y en un mundo de cambios que deben ser interpretados, decodificados y aprovechados por quienes tenemos responsabilidades institucionales, sobre todo para quienes, como la presidenta Rousseff y yo, creemos profundamente en el crecimiento y en las soberanías nacionales, pero que también creemos en la necesidad de que ese crecimiento y esa soberanía de nación, tengan también como protagonistas la inclusión social y que llegue a todos y cada uno de los hombres y mujeres que habitan nuestros países.

Si algo nos identifica a ambas, es el saber que el crecimiento económico solamente puede llegar a todos los hombres y mujeres a través de la educación, de la salud, del trabajo, de la vivienda.

Por eso, digo que si hasta ahora Brasil y Argentina estaban unidos, creo que a partir de ahora estarán aún más.

Esto es lo que ambas Presidentas queremos y que se ha traducido en múltiples reuniones que han hecho nuestros colaboradores y que se han traducido en múltiples acuerdos, pero fundamentalmente, acuerdos que van a ser seguidos y profundizados por acciones concretas.

Por eso, quiero una vez más, agradecer a Dilma Rousseff su presencia aquí en su primer viaje al exterior, en la República Argentina y decirle que Brasil, como país, y que usted Presidenta, como tal, van a tener siempre la colaboración, el amor, el cariño, la admiración y el afecto de nuestro país, de nuestro pueblo y de esta Presidenta.

Muchísimas gracias.

Palabras de la Presidenta en almuerzo en honor a la Presidenta Brasil, Palacio San Martín.


lunes, 31 de enero de 2011

PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN CRISTINA FERNÁNDEZ, EN EL ALMUERZO EN HONOR A LA PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA FEDERATIVA DE BRASIL, SEÑORA DILMA ROUSSEFF Y LA COMITIVA QUE LE ACOMPAÑA, EN EL PALACIO SAN MARTÍN.


Bueno yo no puedo decirles muy buenos días, voy a decirles buenas tardes a todos y a todas; muy bienvenida, querida mi amiga y compañera Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; a toda su comitiva, a su canciller, Antonio Patriota, a quien - en este mismo lugar - compartimos aquella madrugada terrible para América del Sur, cuando pasó lo de Ecuador, él vino como vicecanciller, allí trabamos una muy buena relación y una muy buena charla y recuerdo sus intervenciones con mucho cariño y admiración. También le habían gustado mucho sus intervenciones al Presidente Kirchner, que estaba como Secretario General de la UNASUR; señores empresarios y empresarias argentinas; argentinos, brasileros, dirigentes sociales, artistas, porque hay de todo, como en botica - diría mi abuela - hoy aquí y es lo más representativo que podemos tener de nuestro país.

En primer término, una vez más agradecer a la Presidenta Dilma Rousseff y al pueblo de Brasil porque yo sé que ella interpreta, en esa decisión y en ese gesto el deseo de su pueblo de que precisamente su primera visita al exterior sea, aquí a nuestro país.

Los dirigentes que ocupan por el voto popular y democràtico lugares no toman decisiones personales, sus decisiones siempre expresan lo colectivo, y estoy absolutamente convencida de que Dilma expresa colectivamente esta asociación entre Argentina y Brasil. (APLAUSOS).

Quiero decirles lo que siento como un gran desafío, bueno una parte del desafío es ser mujer gobernando ¿no? y ya Dilma se está enterando, puedo luego tener conversaciones privadas al respecto para brindarte algunas ayudas, no consejos por sos lo suficientemente inteligente y con experiencia y militancia política para saber lo que hay que hacer, simplemente opiniones.

Pero creo sí sinceramente - y ahora en serio - que estamos ante un gran desafío en Argentina y Brasil, pero el desafío no es solamente para estas dos mujeres como presidentas, tampoco lo es únicamente para quienes tienen responsabilidades ministeriales o institucionales, como Diputados, legisladores o Senadores.

Creo que el gran desafío también es para el sector privado argentino y brasilero, porque en definitiva sabemos que nosotros tenemos que ser los grandes articuladores - desde el Estado - de poder unir lo que Brasil ha podido acumular, por volumen, por proyecto, por perseverancia en sus políticas de industrialización, de valor agregado, de conquistas de mercado, del propio volumen histórico de su país y también unirlo a la gran experiencia, que hoy hemos hecho los argentinos, a partir de recuperar nuestra dignidad, nuestra soberanía y fundamentalmente nuestra identidad que no se agota en la producción primaria importantísima que realmente hemos desarrollado, a partir de la ciencia y la tecnología, sino que queremos ser un país que agregue mucho valor a sus productos, genere mucho trabajo.

Y sabemos - Dilma también lo sabe - que es la ciencia y la tecnología lo que va a dar la gran diferencia en este siglo XXI.

Por eso la creación de foros empresarios, impulsados y si se me permite la palabra, aunque a alguno no le guste, y monitoreado también por los funcionarios de cada áreas para que precisamente muchas veces cosas que no se pueden realizar, por intereses que se traben, por cuestiones que se dan y que finalmente nos deben llevar a la convicción y a la certeza de que solamente vamos a ser protagonistas del siglo XXI si somos capaces de asociar nuestros esfuerzos, nuestras industrias, nuestros conocimientos, nuestra producción en un proceso de integración productiva, a nivel industrial, científico y tecnológico, con espacios que obviamente por su carácter estratégico, como son, por ejemplo, el sector de energía nuclear o espacial, estarán fundamentalmente orientados y dirigidos desde el Estado, pero donde también queremos incorporar al sector privado como proveedor de estos insumos para el desarrollo de estos emprendimientos estratégicos, está la clave de nuestro posicionamiento no solamente en el futuro, sino también ya en el presente.

En la última reunión del G-20, en la cual Dilma participó, acompañada de quien todavía era Presidente, de Lula, me tocó una intervención, que hoy recordábamos en nuestra charla privada, que es el hecho de que lo que algunos ven como crisis o como momentos en los cuales por allí los países más desarrollados hoy no están siendo beneficiados, en los términos de intercambio comercial, porque se han modificado estos términos de intercambio comercial, deben ser aprovechados por nuestros países esta oportunidad histórica de no ser vista como una crisis, sino como una oportunidad de cambio y como tal tener oportunidades.

Y yo les manifesté, en ese momento, en el G-20, que era necesario que comprendiéramos que un viejo orden había caído estrepitosamente porque era un orden que se basaba fundamentalmente en una gran injusticia y en una gran inequidad en términos de intercambio, pero que también había olvidado, que es el trabajo, la incorporación de valor agregado, la producción de bienes y servicios y no solamente la especulación financiera las que conducen al crecimiento de los países y a la felicidad de los pueblos.

Por eso esto es más que una integración productiva, es una misma visión acerca de cómo debemos orientar el esfuerzo del Estado y de nuestras sociedades para obtener desarrollo y crecimiento, que no puede estar nunca desvinculado de la situación social que vivan nuestros pueblos.

No queremos, la presidenta Dilma ni yo, crecimiento económico que no llegue a todo el pueblo y sirva para que los más pobres, los más vulnerables, los más postergados puedan también acceder a los bienes y servicios básicos de la sociedad como son la salud, la educación, la vivienda.

Por eso, sabemos que no puede haber contradicción en nuestros respectivos países entre mercado interno y exportaciones; sabemos que dentro de nuestros países no puede haber contradicción entre producción primaria con mucho valor agregado, con mucha ciencia y tecnología, con mucha producción de fierros nacionales y, entonces, tampoco puede haber contradicción en unir el esfuerzo de ambos países, los de mayor PBI de la región, y que por ser los mayores tienen también con la región las mayores responsabilidades.

Cuanto más se tiene y más arriba se está, más responsabilidades se tienen.

Esto no es solamente para los presidentes, esto es para los empresarios y esto también es para los países.

Somos, precisamente, nosotros los que tenemos, entonces, la inmensa responsabilidad de impulsar este proceso de integración productiva, con mayor capacitación de nuestra gente para que puedan tener más y mejores trabajos que, al mismo tiempo, ayuden a tener más y mejor valor agregado a todas las cadenas productivas.

Esto es clave y esto lo hemos visualizado en forma conjunta en la charla que hemos tenido hoy y por eso, los acuerdos que hemos firmado en materia nuclear, en materia de emprendimientos hidroeléctricos.

Voy a concluir con lo que ustedes ya saben y que es mi conceptualización acerca de lo que va a caracterizar el siglo XXI.

El siglo XXI va a ser alimentos; el siglo XXI va a ser energía para dar sustentabilidad al crecimiento económico y, al mismo tiempo, va a ser gran desarrollo científico y tecnológico.

Paradojalmente, vamos a necesitar muchísima cantidad de comida para darle a comer a crecientes masas que se incorporan en los países emergentes y que hasta ahora no consumían. Y al mismo tiempo que van a ser necesarios platos de comida, también va a ser necesario un gran desarrollo científico y tecnológico para tener comida para todos.

Porque en el 2050, que parece que estuviera muy lejos, pero piensen que el 1989 también parecía muy lejos y no lo es tanto, vamos a necesitar la misma cantidad de comida que se produjo durante toda la historia de la humanidad para la demanda que va a haber en esos momentos. Está claro, entonces, que con la producción tal cual hoy es, aún con los grandes adelantos científicos y tecnológicos que hemos tenido, no va a alcanzar.

Por eso, cuando hablo de desarrollo científico y tecnológico, no me lo imagino solamente en una central nuclear, que sí va a estar; no me lo imagino únicamente en una mejor técnica para tener mayor y mejor energía fósil o hidroeléctrica, sino también me lo imagino aplicado a la producción de valor agregado a esos alimentos que nosotros tenemos por suerte, la capacidad de poder producir.

En los tres campos que digo que van a ser claves para el siglo XXI, la asociación estratégica entre Brasil y Argentina, es clave. Y no es un discurso, todos los que están sentados aquí lo saben.

El mundo cambió totalmente en el 2008 y si yo pregunto si alguno de ustedes en el 2007 o en el 2006, dos años antes, tres meses antes, se imaginaba lo que iba a pasar, seguramente no lo hubieran imaginado en esta dimensión y en esta profundidad.

Si además, le sumamos acontecimientos que son de público y notorio, que están ocurriendo en estos momentos en otras latitudes y que no tienen que ver ni con la economía, aunque parezca que tuvieron que ver con la economía, ni siquiera tienen que ver con la política, tienen que ver con cosas más profundas y más inmanejables que afortunadamente nosotros, en nuestra región, no tenemos: conflictos religiosos, étnicos ni de ninguna otra índole que hoy asolan otras regiones del mundo.

Todo esto, sumado a lo anterior, nos convierte, sinceramente, en una región de una oportunidad única.

Yo espero -y esto más que un deseo es casi un pedido- que todos los que tengan responsabilidades institucionales, empresariales, sociales estén a la altura de las circunstancias y no tengamos que ver, como nos ha pasado en nuestra historia reciente -cuando hablo de nuestra historia reciente, hablo de nuestro siglo XIX y de nuestro casi recién ido siglo XX-, de no saber interpretar esos cambios de la historia y terminar actuando en contra de nuestros propios intereses, que han sido muchas veces cosas que hemos vivido los argentinos: actuar en contra de nuestros propios intereses.

No importa por qué, si era por ideología, si era porque se impulsaba de afuera o de adentro; lo importante es haber aprendido la lección y no cometer el mismo error, porque estamos, reitero, ante una oportunidad única.

Yo quiero aprovechar esta oportunidad y este momento también único de la historia, como bien decía Dilma, de dos mujeres...Impensable.

Yo me acuerdo cuando una vez me echaron del bloque, así que, quién iba a imaginar que unos años más tarde, dos mujeres iban a presidir la República Federativa del Brasil y de la Argentina.

Ni las feministas más combatientes lo podrían haber imaginado y aquí estamos. (APLAUSOS)

Quiere decir que es posible, que es posible tener sueños y llevarlos a cabo; que es posible imaginar empresas que parecen difíciles de alcanzar pero que es posible realizarlas.

Que hoy, Dilma Rousseff, sea Presidenta del Brasil y Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina, muestra que es posible cambiar la historia, construir cosas nuevas, diferentes, que no son ni mejores ni peores que las anteriores, sino que son diferentes y que interpretan y dan cuenta de los nuevos vientos que corren aquí y en el mundo.

Por esos nuevos tiempos, por esta Argentina, por el Brasil de Dilma, por la América del Sur, por la UNASUR, por MERCUSUR, yo invito a todos a levantar nuestras copas en el día de hoy.

Muchas gracias por estar aquí todos juntos.